Siniestros viales: hay más de 100.000 heridos por año y unos 14.000 sufren lesiones graves
Las sirenas se apagan, la grúa retira los vehículos y el tránsito vuelve a circular. Pero para miles de personas el siniestro vial recién empieza. Internaciones que pueden durar semanas, cirugías, prótesis, meses de rehabilitación, imposibilidad de regresar al trabajo y familiares que deben convertirse en cuidadores forman parte de una dimensión de la inseguridad vial que no siempre aparece reflejada en las estadísticas.
En la Argentina se registran más de 100.000 personas heridas por hechos de tránsito cada año y alrededor del 14% padece lesiones graves. Es decir, unos 14.000 casos anuales o un promedio cercano a 38 heridos graves por día. El dato surge de estadísticas de la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y es retomado ahora por un informe del Observatorio Vial de Cecaitra para poner el foco en el costo personal, familiar y económico que dejan los siniestros.
El trabajo se titula “El costo oculto de un siniestro vial: la tragedia que empieza cuando el siniestro termina” y plantea que medir el problema únicamente a partir de la cantidad de muertos ofrece una fotografía incompleta.
Porque sobrevivir también puede significar enfrentar consecuencias que se extienden durante años. Hay víctimas que deben atravesar varias operaciones, otras que quedan con discapacidades permanentes y algunas que no pueden volver a desempeñar el trabajo que realizaban antes del choque.
Después de un siniestro grave se pone en funcionamiento una cadena que incluye ambulancias, atención de urgencia, internaciones, cirugías, medicamentos, prótesis y rehabilitación. En los cuadros más severos, señala el Observatorio Vial de Cecaitra, el proceso puede extenderse durante años.
Pero la factura no termina en el sistema sanitario. Cuando la víctima deja de trabajar temporal o definitivamente aparece otro costo: la pérdida de ingresos. Y el efecto puede multiplicarse si otro integrante de la familia tiene que reducir sus horas laborales o directamente abandonar su empleo para dedicarse al cuidado del herido.
Los estudios oficiales permiten dimensionar esa carga. La ANSV desarrolló una metodología específica para calcular los costos sociales de la siniestralidad, que contempla gastos médicos, pérdida de productividad, daños materiales, costos administrativos y el denominado costo humano, vinculado con la pérdida de la vida o de su calidad.
Una estimación realizada con datos de 2021 calculó que los siniestros viales tuvieron un costo de $ 670.396 millones de pesos de aquel año, equivalente al 1,4% del PBI argentino. La cifra no debe interpretarse como gasto hospitalario: es una estimación mucho más amplia del impacto económico y social de la siniestralidad.
La ANSV incluso tiene publicado entre sus trabajos un estudio posterior sobre los costos correspondientes a 2022, aunque las series anteriores muestran la magnitud persistente del fenómeno: la carga había sido estimada en el 1,7% del PBI en 2017, el 1,6% en 2019 y el 1,4% en 2021. En este último año todavía existían restricciones de circulación derivadas de la pandemia, una particularidad que el propio organismo advierte al comparar los resultados.
El impacto también llega a las aseguradoras
El sector asegurador constituye otro eslabón de esa cadena. El informe de Cecaitra señala que los siniestros con lesionados generan indemnizaciones, tratamientos prolongados, reservas pendientes y procesos judiciales que pueden continuar durante mucho tiempo.
Así, el costo de un choque no se limita a reparar un auto. Cuando existen víctimas, se agregan reclamos por lesiones y otros gastos que pueden prolongarse durante años.
El reporte no cuantifica cuánto representan específicamente los heridos por siniestros viales para las compañías de seguros, por lo que no es posible establecer a partir de esos datos qué proporción del costo total termina absorbiendo el sector.
El planteo central del informe es cambiar la forma de mirar la prevención. Evitar un choque no significa solamente reducir el riesgo de una muerte. También puede significar evitar meses de hospital, una discapacidad, un largo tratamiento de rehabilitación o que una familia pierda parte de sus ingresos.
El costo termina distribuido entre distintos actores: el sistema sanitario, las aseguradoras, las empresas, las propias familias y, finalmente, el conjunto de la sociedad.
Por eso, contabilizar únicamente las víctimas fatales deja afuera una parte importante de las consecuencias de la inseguridad vial. Detrás de los más de 100.000 heridos que se registran anualmente hay miles de historias cuyo impacto puede extenderse durante meses, años o incluso el resto de la vida.
